miércoles, 15 de enero de 2014

¿Quién teme al feminismo?

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¿Por qué da miedo decir “soy feminista”? ¿Qué nos pasa con el término? Reflexiones de dónde estamos y hacia dónde vamos.



“Yo no soy feminista”, “Creo en la igualdad pero no soy feminista” (?), son algunas de las frases que he ido leyendo sin cesar últimamente por internet… y escuchando por todas partes. No tan solo de cualquier persona de a pie (con estudios universitarios o sin ellos), sino de mujeres famosas, que por su condición mediática influencian muchísimo en la sociedad. Y digo yo ¿por qué ese miedo? ¿Qué creen que es el feminismo? ¿Por qué renegar de él?
Para seros sincera, hace un tiempo a mí tampoco me gustaba un pelo el término feminismo. Que sí, que estaba muy bien para mí la idea de la igualdad y todo eso, pero, ¿feminista yo? Ni en broma. Eso del feminismo lo veía de histéricas, de amargadas, de lesbianas comehombres. De radicales quemasujetadores feas, de pelo corto y camiseta ancha. Sí, a mí también me vendieron la moto. Hasta que me decidí a conocerlo en profundidad.
Fue algo así como un enamoramiento. Me desvelaba todo aquello que había intuido pero que no sabía con certeza. Un universo que me dotó de las famosas “gafas violetas” que te hacen afinar tu percepción sobre lo que considerabas “normal”.
Pero me sigo preguntando ¿por qué se ve así? De hecho, podría autoformularme la pregunta y pensar que por qué yo lo veía así… Si solamente hace falta acercarse a la definición de cualquier diccionario para ver que feminismo es hablar sobre igualdad. Creo que hay mucho prejuicio en torno al feminismo. Se me ocurren, fundamentalmente, ocho ideas erróneas que hacen que cuando digas “soy feminista” a la gente se le ponga cara de susto:
1. “Es cosa del pasado”. Como se citaba en un artículo que he enlazado anteriormente, seguramente esté relacionado con que se ve algo “desfasado”. Anacrónico. La imagen de feminista se tiene asociada con hechos políticos convulsos del pasado. Es la imagen de la trabajadora fabril con el puño alzado. Que, oye, no tiene nada de malo. Realmente fueron unas luchadoras. El problema está en que nunca se piensa en feminismo en términos de “presente”. Y con esto vamos al punto dos.
2. “Ya no sirve para nada”. Increíble pero cierto. Hay quien piensa que ya “todo está hecho”. Que con poder votar, ir a la universidad y trabajar ya está el tema arreglado. Lo que no suelen contemplar quienes afirman tal barbaridad, es que nosotras seguimos cobrando menos que ellos en determinados puestos de trabajo, que se nos demanda mucho más para alcanzar los mismos puestos de poder. Que sí, trabajamos fuera de casa, pero en la inmensa mayoría de casos somos nosotras las que se cargan a las espaldas, además, las tareas domésticas y de crianza. Que si una mujer es política se va a hablar de la ropa que ha llevado, de su maquillaje o cualquier aspecto banal, dejando en segundo término sus palabras; o, si se las atiende, será para criticar lo “histérica” que se ha puesto. Podría continuar horas poniendo ejemplos. Porque el trato que nos ofrecen a nosotras es discriminatorio.

 
3. “Ser feminista es ser exagerada, ser una exaltada, una radical”. Seguro que esto os suena muchísimo. La idea de que las feministas nos quejamos por todo, de que somos unas pesadas, de que no podemos estar tranquilas y por ello… somos unas histéricas y unas amargadas. Vamos, que se nos culpa por levantar la voz frente a las actitudes machistas. Y es que mires por donde mires, están en todas partes. Una vez te pones las gafas violeta afinas mucho la percepción de lo que te rodea, y puedes ver con facilidad cómo han calado todas esas ideas machistas de que la mujer es alguien (e incluso “algo”) al servicio del hombre. No haré una disertación sobre lo que encuentras con las malditas gafas violetas puestas -y digo malditas porque una vez te las pones es como si te las soldaran a fuego y jamás te las podrás quitar-; el caso es que, ¡mujeres quejándose del machismo! ¡¿Dónde vas a parar?! ¡Mujeres alzando la voz, diciendo que ya basta, en vez de estar calladitas, sonrientes y bien bonitas! Esto no es femenino, plantarse y decir que no aguantas más ¡es de amargadas histéricas! Dónde vamos a parar… Ah, y sí, las feministas somos unas radicales. Porque vamos a la raíz del asunto, a su base.
4. “Eso del género, el feminismo y demás, es cosa de estudios universitarios”. También hay mucha gente que lo ve así. Como una especie de ghetto cultureta. Algo que se estudia en las universidades y de lo que se habla en seminarios, pero que si no estás en ese círculo no es para ti. Nada más lejos de la realidad. Aunque es cierto que es motivo de estudio en las universidades -algo muy necesario y que aplaudo-, el feminismo trata cuestiones cotidianas, que nos afectan a todas. No es algo que esté sólo en las mentes de las estudiosas.
5. “Ser feminista es ser antihombres”. El clásico. Aquí no me voy a detener. Vamos, ¿en serio?
6. “Es que el término es controvertido”. Esta es una de mis preferidas, precisamente porque yo he estado aquí. No voy a entrar en si el término es el más correcto o no. Que está muy bien revisar los términos y que se discuta sobre los conceptos y demás. Pero sin perder la perspectiva. La cuestión es que estamos donde estamos, con los términos que tenemos y la palabra feminismo es el exponente de una lucha vigente. Además, la palabra feminismo remite a toda esa lucha histórica que han llevado a cabo grandes mujeres de las que las nuevas generaciones recogemos el testigo. Porque para mí, utilizar esta palabra es recoger ese testigo, volver a darnos la voz que todas esas mujeres nos han querido dar. Es seguir hacia delante. Es posicionarnos, ponernos en pie y hacernos valer.
7. “Es que hay feministas que tela…”. Hay quienes atacan al feminismo bajo el pretexto de que hay feministas que no veas lo que afirman… Independientemente de a los comentarios a lo que se refieran, este argumento no lo acabo de entender. Hay quien enarbola la bandera de la democracia y expresa ideas políticas más cercanas a la dictadura, o quien dice que no es racista “pero los X a su país”, y sin embargo no se reniega de usar las palabras “demócrata” o “antiracista”. ¿Por qué deberíamos renunciar a la palabra “feminismo” sólo porque en ocasiones no esté bien empleada o la usen personas que no piensan como nosotras?

8.Ay, cuánto machismo…“. Y es que, en definitiva, todo lo anterior, que nos dé miedo decir que somos feministas, que se asocie la palabra a que somos unas amargadas, o, sencillamente que lo asociemos a que queremos ser consideradas superiores a los hombres, no es más que una muestra de la sociedad machista en la que vivimos. Es otro de sus triunfos. Los prejuicios formados a su alrededor lo único que pretenden, y consiguen, es machacar al feminismo y a su lucha.
Por suerte no todo el mundo lo ve así. Hay personas potentísimas que se declaran feministas sin ningún tipo de tapujos. Porque tienen claro lo que es ser feminista. Hay mujeres famosas que lo cantan a los cuatro vientos. Y teniendo la trascendencia que tienen, es de agradecer.

  Lo que espero para el futuro es que el término feminismo sea revalorado. Que tome el poder que contiene la palabra y se use. Que nos deje de dar vergüenza, que no lo digamos con la boca pequeña, que no dudemos de él. Ser feminista constituye un acto de autodefensa para las mujeres. ¿Que nos ven radicales? Pues será que sí, porque como he dicho, vamos a la raíz del asunto. ¿Que nos llaman exageradas? El sexismo nunca es un caso menor.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Fin de cuatrimestre

Ayer finalicé las clases por este cuatrimestre. Una vez más intenté - el alumnado valorará si lo logré o no - transmitir unos valores que considero que no debemos renunciar: el derecho a pensar, el derecho a discercir y discrepar, el derecho a ser diferente.

El reto, este año, era importante un grupo de biosanitarias-os (enfermería, farmacia, biología) hablando sobre la mamilia, la sociedad y la educación. Cual pude ser su papel futuro como docentes entre un alumnado (la clientela, les decía yo) con el cuan se encontraran. Hemos hablado de inmigración, hemos hablado de los diversos modelos familiares y por supuesto, me he puesto pesado, como siempre, con el tema del género.

Ayer, en la evaluación que les rogue me hicieran, una alumna me dijo que con esta asignatura se había dado cuenta de lo importante que era la igualdad de género en todas las áreas de la vida.  

Bueno, misión cumplida, el barco ha llegado ya a puerto.


viernes, 13 de diciembre de 2013

viernes, 6 de diciembre de 2013

Las mujeres tal, los hombres cual y viceversa ¿hasta cuándo la misma cantinela?

Seres cortados Hedwig

El mito de los seres cortados

Confundir los sexos con los modos a través de los cuales estos se expresan resulta un error casi inaceptable ya. El hecho de que sea un error pandémicamente extendido no lo hace menos error, sino más nocivo si cabe.
Muestras de estos errores los vemos (por desgracia) a diario en, por ejemplo, la investigación científica actual cuando se desprenden conclusiones del tipo: Los hombres A, las mujeres B o también Las mujeres más A que los hombres o viceversa.
Conclusiones que básicamente sirven (y mucho) para la “guerra de los sexos” (en ambos lados) y que aportan más bien poco para su convivencia (que curiosamente es lo que los sexos más suelen decir que desean).
 Errores y conclusiones que provienen, entre otras cosas, de seguir pensando la humanidad en clave dimórfica (o binaria, como gusta decir más) y no intersexual.
Este equívoco ha sido disipado desde finales del siglo XIX y principios del XX gracias a autores tan relevantes como Havelock Ellis, Magnus Hirschfeld y Gregorio Marañón, en lo que se ha venido a formular como la Teoría del continuo de los sexos.
Sin embargo, el empeño en ignorar su corolario roza ya la tozudez extrema: hombres y mujeres estamos hechos de lo mismo, solo que cada sujeto sexuado posee su peculiar y única combinación de rasgos masculinos y femeninos.
Si desde hace más de cien años se sabe que no existe rasgo alguno sobre el que poder decir “Las mujeres (¿todas?) tal” o “Los hombres (¿todos?) cual”, ¿qué se gana (y sobre todo, quiénes ganan) insistiendo en esa vía?
(Texto ampliado del publicado originalmente en el facebook de Samuel Díez, 25 de Febrero de 2013)